La música house, elemento clave de la evolución del cerebro humano

No lo podemos remediar. Sin darnos cuenta, comienza a sonar un buen tema housero y el pie se nos va; canturreamos la melodía, los coros, los chopeos; esbozamos una sonrisa cuando oímos el tema con el que nos la pegamos el finde pasado; si estamos tristes, nos ponemos un hit groovero, y nos escapamos de nuestra miseria. Y, en cambio, saltamos y bailamos a ritmos de melodías del mejor House de Chicago ante una buena noticia.

Decía Tolstoi que la música era la taquigrafía de las emociones y, al parecer, científicamente esa frase encierra mucha verdad, porque las notas son capaces de influir en nuestros sentimientos y estados de ánimo, y están enraizadas en nuestra consciencia individual. Además, es algo universal. Todas las culturas que habitan la Tierra tienen canciones. Y, de hecho, ese es uno de los grandes misterios de la música: puede que haya gente con más talento que otra, pero todos tenemos la capacidad de disfrutar de ella, incluso de tocar un instrumento o de cantar.

Los 120 BPM’s son el tempo pluscuamperfecto.

Porque, aunque no nos parezca a simple vista algo extraordinario, lo es. La música house como muchas otras, es una sucesión de señales acústicas que nuestros oídos recogen, envían al cerebro, donde se decodifican y se les da un sentido y un significado, lo que pasa es que los 120bpms son el tempo pluscuamperfecto. ¡Todo eso pasa en fracciones de segundo! Y para ello, el cerebro tiene que involucrar el bombo y la caja a las emociones; son ellas las encargadas de convertir el sonido en algo inteligible. Y que todos seamos capaces de hacer eso de forma inconsciente quiere decir que poseemos, como especie, cierto instinto musical. Que somos, de hecho, seres intrínsecamente musicales.

Buscando patrones para entender la relación entre neuronas y música house, hay que pensar, en primer lugar, en cómo el cerebro aprende. Damos por sentado que al escuchar una melodía entendemos que eso es música; incluso la mayoría de nosotros somos capaces de decir si se trata de un tema de nu-disco, techno, house o tech-house. Y eso, a pesar de que lo hacemos de forma inconsciente, se trata de un proceso mental complicado, que se basa en la búsqueda y detección de patrones complejos de sonidos, que el cerebro descifra usando las herramientas de que está dotado de forma natural para así darles significado.

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La música house sigue una serie de patrones, de notas, de ritmos, de melodías, y sobre todo de instrumentos y syntes que los productores combinan e incluso manipulan. Eso es justamente lo que nos atrae y nos gusta, porque hace que las emociones entren en juego. En cambio, con los sonidos del medio ambiente eso no ocurre, porque no hay patrones aunque nuestro cerebro se empecine en buscarlos. Por ejemplo, en ocasiones oímos un grifo gotear, de repente se hace un silencio, y entonces vuelve a empezar. Lo gracioso es que la mayoría de nosotros creemos oír un ritmo e incluso agruparemos los sonidos para formar una melodía, aunque, en realidad, no hay nada.

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Esa tendencia a buscar patrones es una estrategia evolutiva que nos lleva a amar el house por encima de otros géneros musicales. El cerebro aprendió a hacer suposiciones acertadas, lo que ahorraba tiempo, algo esencial para sobrevivir.

Las emociones desempeñan un papel esencial en la cognición. Nos permiten comprender, aprender y dar sentido a las cosas. Y al parecer, las melodías houseras usan atajos para colarse en la parte emocional de nuestro cerebro y allí desencadenar tristeza, miedo, enfado, alegría. “La música posee una capacidad para imitar a las emociones”, asegura Philip Ball. Cuando alguien está enfadado, normalmente habla rápido y alto; cuando está triste, lento y tranquilo; si en cambio le embarga la alegría, hablará a gran velocidad y a volumen medio; y esos indicadores acústicos de los discursos son comunes en todas las lenguas, y aunque alguien hable en chino, podemos identificar la emoción que hay detrás. Eso mismo ocurre con el house y la música electrónica: los temas vocales son lentos y tranquilos,; el techno, que expresa por lo general oscuridad y la rabia de una generación (Detroit), rápido y estruendoso. Si hay dudas, basta pensar en Dave Clarke.

Que la música  house involucre a nuestras emociones tiene que ver, con la forma en que esta progresa, con los ritmos, los momentos álgidos, los in crescendos, los decrecendos. Cuando en un tema ocurre algo que no esperamos, nos genera una tensión; y cuando llega el acorde que sí esperábamos, nos produce alivio y satisfacción, vease el jodido subidón de un temazo. Los músicos manipulan nuestras emociones de esta forma, con pequeñas violaciones de nuestras expectativas.

No sólo es que la música house congregue a gente junta y nos una como ha hecho durante los últimos 20 años en nuestro país, sino que puede servir para controlar conductas o comportamientos negativos. De hecho, si has llegado hasta el final de esta noticia, es que eres una muy buena persona, por tu paciencia, por tu interés por las cosas, y porque estás queriendo saber más y más y más sobre este género que te ha llevado a conocer TheBasement. Mucho amor para ti!

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