Muchos de nosotros nacimos en los 80, algunos de los que nos leen y frecuentan nuestros eventos se dividen entre los 80 y los 90. Probablemente pocos de los que a día de hoy seguimos en activo, viviésemos la época de La Ruta, pero nunca está de más conocer nuestro pasado para entender el presente. A partir de hoy y durante algunos episodios, vamos a echar la vista atrás para compartir aquello que hemos leído y oído por parte de nuestros mayores, o aquello que nos hemos encontrado por la red de redes sobre la ruta, recopilando por varios portales, foros, incluso rebuscando fotos buenas por grupos abiertos de Facebook relativos a la movida valenciana..

La llamada Ruta Destroy o Ruta del Bakalao, como se le conoció más mediáticamente fue heredera directa de la movida valenciana y consistió en el mayor movimiento clubbing de España, hecho por y para españoles fundamentalmente. Inició en ciertos aspectos el movimiento clubbing en el país, y tuvo consecuencias a largo plazo sobre la forma de ocio nocturno que conocemos a día de hoy.

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Consistía en una forma de ocio nocturno de miles de jóvenes españoles entre las discotecas del área metropolitana de Valencia, sobre todo en la carretera de El Saler, de entre las cuales destacaron salas como Barraca, Spook Factory, Chocolate, Espiral, NOD, Puzzle, y ACTV, cada fin de semana, y sin apenas descanso, durante los años 80 y la primera mitad de los 90.

PRINCIPALES CAUSAS

La Ruta Destroy se enmarca en el contexto de un país recién salido de una transición democrática tras la represión de la época franquista, que en otros ámbitos de la cultura tuvo consecuencias como el cine del destape. La población tenía más ganas de fiesta que otra cosa y los ingredientes necesarios para una revolución de diversión sin límites ni tabúes estaban en la mesa, listos para hacer un cocktail explosivo.

La legislación española, en todo lo tocante al ocio nocturno, era aún muy inmadura debido al legado del franquismo, y estaba llena de vacíos legales, que fueron aprovechados por los empresarios de estas discotecas. A esto se unió la menor preocupación e información sobre las drogas que había en España. El resultado: pura jauja! La juventud luciendo sus chupas y pantalones de cuero, en sus Vespinos, sus Opel Kadet, Ford Fiesta… menos mal que hay documentos gráficos que lo atestiguan, y que no guardaremos para nosotros.

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ORIGEN

La semilla de la Ruta Destroy se sembró a caballo entre finales de los 70 y primeros 80, dentro de lo que fue la particular «movida valenciana», movimiento con mucha menos repercusión mediática que la movida madrileña muchos afirman que tuvo tanta o mayor importancia real que ésta por la infinidad de grupos autóctonos que aparecieron y la vitalidad cultural que aportaron a la ciudad de Valencia.

La movida valenciana actuó como potente catalizador para que una ingente cantidad de grupos extranjeros, principalmente e inicialmente británicos, dados a conocer en toda España a través de Valencia, desde donde dieron su primer paso en la península para después dar el salto al resto del país.

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También acabó derivando en el culto a las discotecas, introduciendo en España una música de baile basada en sonidos de importación que asiduamente traían los disc-jockeys, valencianos o no, desde Londres, Manchester, y otras ciudades europeas. Esto derivó en la posteriormente llamada Ruta Destroy. El término movida valenciana, de hecho, se ha extendido hasta incluir a la movida discotequera de la Ruta Destroy.

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A finales de los 70, en plena transición española y durante la era Post-Punk y New Romantic (la llamada era new wave), la ciudad de Valencia empezó a florecer, no sólo musicalmente sino también culturalmente. Empezaron a aparecer grupos musicales autóctonos con una marcada tendencia vanguardista, y de una manera menos mediática que en Madrid.

Se dice que mientras en Madrid, los iniciadores del movimiento fueron Kaka de Luxe y Burning, en Valencia lo fueron, en 1979, La Banda de Gaal y seguidamente La Morgue. Grupos como Seguridad Social, Video, Glamour, Comité Cisne, Betty Troupe, In Fraganti, La Morgue o Interterror lideraban una legión de artistas valencianos que apostaban por los nuevos sonidos llegados directamente del Reino Unido o Alemania, y empezaban a poner de moda la imagen del post-modernismo de principios de los 80, con looks elegantes, sofisticados y estridentes, heredados y evolucionados de la era punk. En esa época, un local sobresalió entre todos por su amalgama cultural, Pyjamarama, pero hubo otros, como Bowie, Gasolinera, Tropical (que años más tarde se conocería como ACTV), Video, Estandarte o Planta Baja.

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Asimismo, debido a esta apertura en Valencia a sonidos no tan convencionales, muchos grupos extranjeros se introducían en España a través de Valencia, como el caso de Soft Cell. La gente empezó a interesarse cada vez más por estos sonidos de synth-pop/rock/pop/gótico, etc, en su mayoría procedentes de las islas británicas, en una época con gran influencia de la canción ligera y de cantautor.

En aquel momento, sin embargo, aún no había ninguna discoteca que realmente pinchase esa clase de sonidos. Dichos sonidos no iban ligados a la música de baile, que aún estaba basada casi exclusivamente en música negra (funk, los inicios del house, entre otras) y sonidos disco europeos como el italo-disco, y por ello, aún no se entendían como tal, por lo cual aún estaban relegados a las salas de conciertos y los bares de copas. Seguían existiendo exclusivamente las boîtes y salas de fiesta setenteras, tapizadas y llenas de espejos.

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Fue a raíz de abrirse una sala llamada Oggi, auspiciada por el principal precursor y gurú de la movida discotequera, Juan Santamaría, cuando esos sonidos, y toda clase de rarezas electrónicas y guitarreras, eran pinchados para un público aún muy selecto y con grandes inquietudes musicales y culturales. La sala no tardó en decaer por una serie de problemas, algunos de ellos relacionados con la heroína.

Más adelante, la misma gente responsable del Oggi se trasladó a la sala Metrópolis, en un intento de agrupar a todas las tribus urbanas de Valencia (rockers, mods seguidores del garaje rock o del ska y otros sonidos con marcada influencia sesentera, nuevos románticos, punks, góticos, etc), tribus que por aquel entonces y durante todos los 80 fueron muy prolíficas. Esto no estuvo exento de problemas, ya que muchas de estas tribus urbanas rivalizaban entre sí, como los rockers y mods. Hasta que la fiesta se trasladó a una sala llamada Barraca, en Les Palmeres (Sueca).

EVOLUCION Y ETAPA DORADA (1982-1990)

BARRACA

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La discoteca Barraca, ya veterana por aquel entonces, ya había destacado en los últimos años 70 por querer diferenciarse de alguna forma del resto de salas estilo fiebre del sábado noche. Alrededor de 1980, Juan Santamaría recaló en esta sala para imprimirle su particular estilo tan ecléctico.

En 1982 le sustituyó en cabina, Carlos Simó, disc-jockey muy influenciado por Santamaría, e imprimiéndole al estilo musical de la sala un énfasis aún mayor en la llamada “música blanca”, o música de raíces blancas. Por lo tanto, a partir de entonces, aunque el eclecticismo era la nota dominante en las sesiones de Barraca, prácticamente desaparecieron otros sonidos como el blues, rhythm & blues o el jazz que también tenían cabida con anterioridad junto con el habitual rock, pop y los sonidos de vanguardia, escuchándose «música blanca» que incluía a formaciones tan dispares como unos aún desconocidos para el gran público, y todavía alternativos Depeche Mode, U2 y The Cure.

También gente como los influyentes The Smiths,Joy Division, herederos directos del punk como The Stranglers, The Clash (después Big Audio Dynamite), Sigue Sigue Sputnik, Generation X y su integrante Billy Idol, Public Image Limited (PIL) y su integrante Jah Wobble, o los B-52; grupos de synthwave como A Flock of Seagulls, Visage o Ultravox, de pop-rock como Immaculate Fools, Psychedelic Furs, The Fountainhead, B-Movie, Simple Minds, The Pretenders, A Popular History Of Signs, e incluso bandas australianas de garaje (garaje rock) como The Fall, Screaming Tribesmen, Hoodoo Gurus, Lime Spiders o grupos de rockabilly como los Stray Cats, y tantos y tantos otros, en lo que fue un excelente combinado musical de música eminentemente indie de primera mitad de los 80 y finales de los 70, sin el ritmo pegadizo de la música negra, pero con más frescura que esta.

La magia que irradiaba esta sala se contagió a todos los noctámbulos y tribus urbanas que la frecuentaban, reinando el buen ambiente y el espíritu cordial.

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La empatía entre la gente hizo que el ambiente que se respiraba fuera único, a diferencia de las salas convencionales, donde el factor sexual era el dominante, por encima del musical y el de la diversión por puro placer, también llamado hedonismo, y acarreaba problemas entre clientes.

Un hecho destacable en Barraca fue la importancia del plano teatral dentro de las mismas sesiones, aparte de los conciertos que también se daban en la sala. Y es que en esta etapa, las performances y actuaciones teatrales de todo tipo eran un hecho habitual, hecho por el cual la sala pasó a ser un lugar de reunión de artistas y gente de mentalidad inquieta que creaba una cultura alternativa y diferente.

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Esto propició la atracción hacia esta sala de muchos personajes destacados en el panorama cultural, musical y social de la época en España, y debido también a su talante excepcionalmente tolerante para aquellos años, que atraía a la gente que huía de la vulgaridad que se respiraba en la mayoría de salas convencionales, y a su ambiente colorista, kitsch y estrambótico, donde incluso el maquillaje estaba bien visto en los varones heterosexuales, dado que el movimiento neo-romántico tuvo mucha influencia en Valencia, fue lo que la diferenció del resto.

No en vano, se dice que era todo un espectáculo ver cómo vestía la gente habitual de Barraca, ya que por entonces muchos consideraban un ritual el hecho de vestirse para la fiesta. Además, Barraca fue una de las primeras salas españolas donde hicieron aparición las drag-queens, como la famosa Faraona. Otros aspectos a destacar de esta sala fueron su pista giratoria, su piscina, donde la gente se bañaba de forma desinhibida, los caballos de tío-vivo, que se convirtieron en marca de la casa, y su terraza.

Sus principales sesiones fueron las de sábado noche y domingo tarde-noche. Fue tanta la importancia de Barraca en el amanecer de esta época, que al «sonido Valencia» se le denominaba por los propios valencianos, alrededor del año 86, como «música barraquera».

Tras estas lineas encontraréis un documental realizado por Canal+ en 1993, que detalla perfectamente las aventuras del ocio nocturno en la época. En próximas ediciones seguiremos descubriendo más secretos de la sonada Ruta del Bakalao.


Y a continuación una sesión de hora y media con los sonidos propios de la época!

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